jueves, julio 09, 2009

Kafka en la orilla de Murakami

La literatura oriental siempre me ha llamado la atención, no especialmente la japonesa, más la de origen árabe. Sin embargo, ya he realizado algunas incursiones a las letras del país del sol naciente y hasta el momento han sido muy satisfactorias.
Kafka en la orilla es una novela que desde el principio deja clara su vocación literaria. Posiblemente, demasiado clara. No es esta una lectura ligera, aunque si que es bella.
Al principio del libro pensaba que Murakami es una mezcla de fabulador medieval y escritor de culto (para minorías) pasado por un tamiz de realismo mágico, al estilo de García Márquez. Sin embargo, las historias del segundo se dejan leer mejor que las del primero.
Kafka Tamura se fuga de su casa el día de su 15 cumpleaños, huye de un hogar abandonado por la madre y la hermana hace años, huye de una maldición edípica formulada por su padre. Paralelamente, Nakata, un viejo discapacitado desde que fue protagonista en la infancia de un extraño suceso, comienza una búsqueda que promete cruzarse con la vida del joven.
Se pasean por las páginas de este libro personajes muy extraños, entre los que caben citarse Jonny Walken y el Colonel Sanders, remedos de los símbolos publicitarios de dos famosas compañías multinacionales.
A ratos la lectura se hace un poco pesada, pero se compensa con hallazgos francamente magistrales en el uso de las palabras. Si te gusta la belleza hecha palabras te gustará este libro, pero si prefieres las novelas al estilo del Código Davinchi, mejor no lo compres.
Mi calificación sobre 10: 8,0

martes, junio 30, 2009

Cambio de modelo, sí o sí

Este es un artículo que me pidieron para el Almería Actualidad (periódico que está siempre mutando de nombre, ya que ahora es Diario de Almería). Desde mi regreso del Foro de Carmona, la semana pasada tengo una imagen más nítida del asunto, por lo que amenazo con ampliación en breve.

De un tiempo a esta parte es muy usual escuchar a los políticos y a los economistas hablar de la necesidad de un cambio de modelo. Aunque ambas profesiones utilicen palabras similares, me temo que no se refieren exactamente a las mismas cosas. Un buen número de economistas venía hablando de la necesidad de un cambio de perfil productivo desde hace algunos años: no en vano era evidente que sostener un 20% del empleo y la producción en un sector de la construcción hipertrofiado no era posible ni deseable a largo plazo.
Ese cambio de modelo se refería a la incentivación de actividades de alto valor añadido y elevados requerimientos de capital intelectual. La idea era que se fortaleciera ese tipo de economía, aprovechando las vacas gordas, con el fin de ir preparando poco a poco el momento de la caída de la vivienda residencial.
Por desgracia, nos ha cogido el toro de la recesión y el cambio de modelo se ha producido de manera brusca y demoledora. La construcción residencial se ha parado, y con ella se ha destruido una enorme cantidad de empleo que, a su vez, a reajustado a la baja la demanda y la oferta nacional. Si a final de año mirásemos la estructura del PIB y del empleo, observaremos cómo el sector servicios recuperará muchos puntos con respecto a hace dos años, a expensas de la construcción y la industria.
Del lado de los políticos, el discurso del cambio se ha producido mucho más tarde, cuando ya la crisis era más que evidente, y cuando la capacidad de maniobra era, por tanto, mucho más reducida. De hecho, las posibilidades de incentivar actividades como las que se quieren captar, son menores ahora, puesto que deben competir con las medidas de alivio de la crisis para empresas y particulares a corto plazo. Otra diferencia que me parece crucial es la fortaleza del compromiso. Si uno mira los datos del paro registrado (el primer brote verde que tanto bien ha hecho a la confianza nacional), podrá comprobar que ha sido precisamente en la construcción dónde se han logrado los mayores retrocesos. ¿Es ese el cambio de modelo que queremos? Más bien es el resultado de una política de gasto público que busca un resultado inmediato en la actividad.
Para modificar nuestro perfil productivo no basta con una mera carta de intenciones, ni tampoco basta con la intervención pública. Tampoco, por desgracia, es una labor de corto plazo. Cambiar la estructura del empleo y la producción ya nos lo ha hecho la crisis. Para cambiar nuestro modelo productivo debemos modificar los incentivos a la inversión, debemos modificar nuestro sistema educativo, debemos recualificar a nuestros trabajadores en activo, y debe transcurrir algo de tiempo, para que todos esos cambios maduren. Esto implica visión de largo plazo, mucha capacidad de negociación con los diversos agentes y mucho temple para mantener las decisiones a pesar de las presiones que puedan surgir por el camino.
Mucho me temo que las buenas palabras de hoy queden aparcadas por el camino en el momento en el que cualquier sector muestre un poco más de protagonismo. Al final, el éxito o fracaso de una política económica se mide en términos de votos, más que en términos de ganancias de bienestar a largo plazo: eso sólo lo miran los historiadores, y algunos economistas.

jueves, junio 18, 2009

Cambio de modelo: el turismo en tiempos de crisis

Os pego una charla que he dado esta mañana en San José (Hotel Doña Pakyta), sobre la situación económica actual y el papel que le cabe jugar al turismo en el mismo. La charla comienza con un repaso a la situación económica española y a las previsiones sobre la misma (comenzando con las que anunció esta semana el Gobierno). Como vereis por las diapos, la idea es que la debilidad sufrida en el ciclo que ahora concluye estaba muy relacionada con el importante peso adquirido por la construcción y por la relativamente baja productividad de la misma (oculta por una inflación de los precios burbujeante). Asimismo, se hace hincapié a uno de los grnades asuntos de fondo: la escasa competitividad, que se refleja enun enorme déficit exterior.
A continuación hablo de las crisis superpuestas (sí, esto es repe y ya lo he contado otras veces; llamadme republicano).
La tercera parte es una explicación del atractivo del turismo como candidato a héroe salvador de la patria: contribuye a mejorar la balanza por cuenta corriente, genera mucho empleo (porque tiene una productividad relativamente baja) y porque puede actuar como sector de arrastre para sacar a la construcción de su agujero. Pero la realidad es muy cruda, tan cruda que se impone. Los gráficos que pongo son el resumen de la situación, desde la perspectiva de la oferta (IST y PIB turístico) como desde la demanda (las señales de ciclo tendencia de las pernoctaciones).
La conclusión, el sector no está en condiciones de cumplir actualmente este papel, puesto que su demanda está en recesión (tanto la interna como la externa) y aún se encuentra en medio del proceso de superación de su propia crisis motivada por el movimiento Low Cost y por el desarrollo de las nuevas tecnologías de la comunicación. La parte positiva es que este sector tiene músculo y capacidad humana y financiera, por lo que sólo es cuestión de tiempo que encuentre un camino para salir del túnel.

lunes, junio 15, 2009

El mito de los mercados eficientes

En la edición de la pasada semana de The Economist, venía la reseña de un libro muy apropiado a los tiempos que corren: "The Myth of the Rational Market: A History of Risk, Reward, and Delusion on Wall Street" de Justin Fox.
En principio no dice nada nuevo, ni nada que no sea evidente para quien quiera verlo: los mercados no son siempre eficientes. Los mercados adolecen de los mismos problemas que el resto de las instituciones humanas.
Por mucho que se empeñen algunos, argumentando que la crisis actual es culpa de la excesiva reglamentación de los mercados financieros, la cruda realidad es que todos los mecanismos de control (los pocos que había) han saltado por los aires, lo mismo que el supuesto autocontrol que aventaba Greenspan desde las riendas de la Fed; todo en aras de una supuesta inteligencia smithiana. Eso sí, olvidando (como siempre) que la eficiencia sólo se logra en condiciones de competencia perfecta, tan poco usuales que deberíamos dejar de dedicar tanto tiempo a explicarla en las facultades de economía y empresa. En su lugar, habría que hablar de mercados oligopolísticos, de asimetrías en la información, de costes sociales invisibles o de divergencias entre los intereses de los empresaraios y accionistas.
En cualquier caso, me apunto el título para cuando se traduzca al español (aunque lo mismo me atrevo a la lectura en inglés).

miércoles, junio 10, 2009

La crisis en Google

De vez en cuando me gusta curiosear por el Google Trends, y esta tarde he querido ver cómo y, sobre todo, cuándo se producía el momento de mayor intensidad de búsqueda de la palabra "crisis" en la herramienta del nuevo Gran Hermano. Y el resultado lo tenéis a continuación.


(Click para ampliar)

Como puede verse es en el último cuarto del año 2008 cuando la palabra se hace protagonista, subiendo como la espuma de la noche a la mañana. Sin embargo, la crisis se estaba gestando desde mucho antes que el Lehman Brothers saltara por los aires. Al menos un año antes, ya sabíamos de la crisis de las subprime (si os fijais en el gráfico de tendencia que aparece debajo podeis ver como desde mediados de 2007 la línea comienza a tener un poco más de pendiente). Con todo y con eso, el efecto de la crisis bancaria del pasado otoño es el momento culminante del proceso y, si seguimos hacia delante, podemos ver que la tendencia actual es descendente, estando cerca de los niveles previos a la alarma. ¿Significa eso que nos ha dejado de preocupar la crisis, o es que ya nos hemos acostumbrado a ella y ha dejado de llamarnos la atención?

La otra cara de las remesas

Esta mañana me ha llegado un enlace de Andrés (no dice más, aunque lo supongo), relacionado con un video sobre la otra cara de las remesas y su impacto no siempre positivo en el tercer mundo. Hace un par de años comentaba la charla de Íñigo Moré en las Jornadas de Primavera de la UAL. Él defendía el papel fundamental de las remesas en el flujo de ingresos de algunos países en vías de desarrollo. Los datos le daban la razón. En esencia, desde su punto de vista, las remesas permitían aumentar la renta de esos países y mejoraba la capacidad de gasto e inversión.
Pues bien, en el video que venía con el enlace, lo que podemos ver es un efecto no deseado de las mismas. El caso presentado es sangrante. Una mujer trabaja pluriempleada en EE.UU. para mandar unos 150 dólares al mes a su madre, en El Salvador. El problema es que sus tres hermanos (ya bastante mayores) "pasan" de trabajar: ¿para qué si ya lo hace la hermana y su madre les da de comer? (Nótese que se produce el mismo efecto que se le achaca a los subsidios y subvenciones a la renta en los países ricos).
Evidentemente no creo que ésta sea la realidad general, pero no deja de ser una buena base para preguntarse qué acciones se deben poner en marcha para lograr que el dinero que llega vía remesas o transferencias de las ONG a esos países sean usados no sólo como meros suministradores de consumo para las familias.
Otro tema interesante sería conocer a dónde va la renta generada por los flujos de consumo que se generan gracias a las remesas. Si estos terminan en empresas y trabajadores locales, no habría demasiado problema; pero, ¿y si lo hace en las arcas de empresas multinacionales que luego drenan parte del flujo con la remuneración del capital?

martes, junio 09, 2009

Adiós, no más de 15

Acabo de escribir la última entrada en mi bitácora de al lado, la cual ha sido oficialmente clausurada. Durante un tiempo, que puede ser eterno, seguirá en línea, pero mi idea es enterrarla alguno de estos días. En el último post (el único que no es un cuento) cuento (valga la redundancia) mis intenciones literarias inmediatas, que pasan, o siguen pasando, por editar una bitácora en la que escribir una novela por entregas. No sé si seré capaz, de momento descansaré por una temporada y me dedicaré a buscar un viejo manuscrito en el que esbocé la historia que quiero ofrecer a la red.
Espero que a alguien le haya gustado. Descanse en paz No más de 15 al día.

viernes, junio 05, 2009

La economía del fraude inocente, de J.K. Galbraith

"La vida civilizada, como la llamamos, es una gran torre blanca que, celebra los logros de la humanidad, pero en lo alto de la misma hay siempre una gran nube negra".

Tristes palabras para terminar el que seguro sabía iba a ser su última obra. Galbraith se despide de sus lectores en este libro diseccionando lo que el denomina el "fraude inocente" de nuestro sistema económico. Aunque la expresión es un oxímoron, cuando se leen las explicaciones del viejo maestro de economistas, uno se da cuenta de que (otra vez) tiene razón. El mensaje central de este pequeño libro (se lee en una sentada) es que en la nueva etapa en la que está el capitalismo, el poder ha pasado a las grandes corporaciones o, más correctamente, a los gestores de éstas. Estos hombres y mujeres tienen suficientes incentivos y poder para maximizar sus beneficios, por encima de los intereses de los accionistas de las empresas y de la propia sociedad.
En cada uno de los 12 capítulos, el autor va desgranando los aspectos de este fraude del que participamos todos:
el eufemismo a la hora de nombrar al capitalismo corporativo, el verdadero y escaso poder de los consumidores y votantes ante el de las corporaciones, la doble moral a la hora de contemplar el trabajo, la existencia de verdaderas burocracias empresariales, el poder de los empresarios ante los accionistas, la confusión entre lo privado y lo público (o la intromisión de lo privado cada vez más en lo público), la imposibilidad de predecir el comportamiento económico, la inutilidad de las políticas económicas tradicionales, etc.
El pesimismo con el que cierra esta obra denota que Galbraith había perdido la esperanza. Creo que el haber vivido una gerra mundial, la de Vietnan y la de Irak, así como algunas de las más grandes crisis económicas de la historia. La economía tropieza una y otra vez, lo mismo que el propio ser humano (empeñado en guerras autodestructivas). Cada paso adelante es el preludio de un paso atrás.
Probablemente, mi edad y mi naturaleza me hacen ser más optimista. Creo que, a pesar de todo, cada vez que damos un par de pasos hacia delante, terminamos reculando y llendo uno hacia atrás. Pero el saldo es que hemos avanzado un paso cada vez. Avanzamos. A pesar de todo avanzamos. Aprendemos de nuestros errores. También en lo económico. Comparto con Galbraith gran parte del diagnóstico, pero no su conclusión.
Pienso que nos acercamos poco a poco a un punto de inflexión radical para la raza humana, nuestro medio ambiente está sufriendo las consecuencias de nuesrtra existencia y, o ponemos nuestros conocimientos y tecnología a trabajar en solucionarlo, o nos veremos abocados a una nueva crisis malthusiana. Pero, incluso así, sobreviviremos y avanzaremos.